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Domingo 25 de Marzo

Por: Tere Diaz y Shulamit Graber



Tomando en cuenta que el trabajo con trastornos de la alimentación requiere de un abordaje multidimensional, resulta imprescindible hacer mención del papel particular que juega la familia en la detección, prevención y tratamiento de los mismos.

Nos referiremos a la familia como sistema, lo que implica considerarla una unidad interactiva, un "organismos vivo" y por tanto en transformación constante. La familia está compuesta por distintos individuos que se relacionan unos con otros. Para entender su funcionamiento no basta entender a cada individuo por separado, la familia es más que la suma de sus integrantes ya que la relación que entre ellos se genera forma una unidad diferenciada, más compleja, que influye a quienes la integran y a su vez es influida por ellos (1).

La familia vista como un sistema relacional es generadora de interacciones entre sus miembros, así como trasmisora de creencias y mitos que permean de generación en generación. Del mismo modo su organización y estructura pone a cada uno de sus miembros en lugares y funciones que de ser adecuados a su etapa evolutiva y a su papel dentro de la familia, favorecen el crecimiento de cada individuo así como el equilibrio de la familia misma.

Cuando al interior del grupo familiar las jerarquías se trastocan, las interacciones se rigidizan y los mitos y creencias se pasan como legados no cuestionables en el aquí y el ahora, se abre la posibilidad de que un miembro de la familia, -dando voz a un sistema que no puede adaptarse a las necesidades cambiantes de sus miembros-, presente algún síntoma o enfermedad, que pida de manera velada el cambio del sistema.

Así como el individuo que desarrolla el trastorno alimentario afecta a todo su contexto familiar, generando por un lado una serie de problemas relacionados con su enfermedad y exigiendo por otro una serie de adaptaciones para la adecuada resolución de su conflicto, los trastornos alimentarios en sí mismos pueden ser mirados como síntomas que hablan por un sistema rígido que necesita -y no puede- cambiar.

Entonces, ¿por qué hablar de familia? Si bien no consideramos a la familia fuente u origen único de un trastorno alimentario, estamos convencidos de que la conducta de sus miembros bien puede contribuir a mitigar lo síntomas y promover salidas más saludables para el paciente y sus familiares, o bien enredarse de modo tal que refuerce, exacerbe e incluso detone la enfermedad. No dejaremos entonces de enfatizar la interdependencia entre el comportamiento del paciente afectado por un trastorno alimentario y el de su contexto familiar.



La familia como un sistema bio-psico-social abarca de manera general las siguientes funciones:
  • A nivel biológico se encarga no solo de perpetuar la especie sino de satisfacer las necesidades básicas de alimento, techo y vestido de sus miembros.

  • A nivel psicológico favorece las interconexiones afectivas que crean los vínculos de interdependencia requeridos para satisfacer las necesidades de pertenencia, seguridad, afecto e individuación de cada uno de sus miembros.

  • Socialmente facilita la transmisión de valores, creencias y costumbres, así como la promoción de habilidades que ayudan al individuo a salir de este núcleo primario y adaptarse a otros contextos (2).
La familia entonces ha de satisfacer estas necesidades transitando por diversas etapas evolutivas propias de su ciclo de vida, que marcan retos y dificultades particulares y que a su vez se yuxtaponen con las formas en las que cada uno de sus miembros elige crecer. Una familia con relaciones mas flexibles logra estos objetivos ya que tiene la capacidad de modificar al paso del tiempo su estructura y sus reglas sin perder su identidad como grupo, pero asegurando al mismo tiempo el cambio y el crecimiento de sus integrantes.

Este proceso de continuidad y cambio es el reto por excelencia de una familia sana.



Si casi todos los jóvenes afectados por estos trastornos viven con sus familias de origen...

¿Cómo afecta esta convivencia el desarrollo de los trastornos alimentarios y como afectan estos mismos la convivencia familiar?

¿Existen factores familiares que pueden predecir la evolución del trastorno alimentario?

¿Qué clase de cambios en la familia ayudan a que la enfermedad pueda cambiar? (3)

De manera particular, se observan algunos factores que han contribuido, desde la familia, al incremento de estos trastornos:

Los hijos han pasado de una posición periférica al interior de la familia a una posición absolutamente central: los padres giran en torno a las necesidades y deberes de los mismos y sus resultados hacen que aquellos sean evaluados como "buenos o malos padres". Este importante juicio social hace que un hijo con dificultades o problemas atente contra la "identidad de sus progenitores" lo cual hace de la paternidad una tarea con altísimas exigencias.

Por otro lado, la prolongación de la fase de dependencia de los hijos con respecto a los padres, haciendo de la adolescencia una etapa muy larga, genera una postergación de las responsabilidades de auto cuidado en el ciclo vital de los hijos. No es extraño entonces que se genere un juego familiar en el que, generalmente la hija desate su ira contra los padres y contra sí misma, mediante una huelga de hambre que muestre "lo ineficaces que son como padres", sin percibir como suya la posibilidad de su cuidado personal (4). Las altas exigencias socioeconómicas y culturales del mundo exterior hacen que tanto hijos como padres vivan la posibilidad de la autonomía de manera atemorizante.

Es así, como una paternidad tan exigida se sobrepone y merma la calidad de la conyugalidad; la creciente insatisfacción de la pareja conyugal, favorece al mismo tiempo la dificultad de que los padres se desprendan de los hijos pues resulta amenazante pensar en un reacomodo de ellos como pareja. Esta situación favorece que algunos de los padres, en medio del conflicto, se alíen con un hijo como estrategia para desacreditar al cónyuge. El hijo queda así atrapado en un conflicto de lealtades del cual no puede escapar: apoyar a algún padre implica traicionar al otro. El síntoma bulimia o anorexia podría surgir como el emergente de esta interacción que atrapa a toda la familia, la sintomatología alimentaria desvía el conflicto conyugal a la vez que mantiene estática a la familia que se resiste al cambio.

Estos factores entre otros generan al interior de la familia una serie de interacciones rígidas que favorecen la aparición de los trastornos alimentarios. Así como existen variedad de trastornos de la alimentación, existen variedad de configuraciones familiares en torno a los mismos. Sin embargo, es común encontrar las siguientes características entre las familias con un miembro que presenta síntomas anoréxicos y bulímicos, principalmente:
  • Padres sobre protectores y sobre exigentes, con rasgos obsesivos y perfeccionistas, preocupados por el éxito y la apariencia externa.

  • Padres con roles tradicionalmente complementarios y rígidos.

  • Hijos que experimentan la sensación de nunca cumplir las altas expectativas de los padres y del grupo familiar.

  • Familias que tienden a la evitación de conflictos: la negociación explícita de las diferencias es inexistente. Las constantes discusiones familiares se caracterizan por interrupciones continuas y cambios de tema impidiendo la resolución del problema. En otros casos simplemente se niega el conflicto.

  • Familias con patrones rígidos de comunicación donde los mensajes verbales contradicen los mensajes no verbales, creando situaciones de ansiedad y confusión ante la imposibilidad de dar respuestas adecuadas a las demandas ambivalentes y contradictorias. Por oto lado los diálogos son altamente "ritualizados": pareciera que todos supieran exactamente lo que los otros van a decir. Así se mantienen conversaciones redundantes a nivel de contenido manteniendo un mensaje relacional inmodificable.

  • Familias "entrelazadas", con falta de límites al interior ("todo es de todos, nos gusta lo mismo, por lo tanto lo que como y cómo lo como será distinto a los demás y de esta manera pondré un límite claro"). Esto crea el debilitamiento personal de los miembros de la familia así como la incapacidad de definir y proteger su espacio individual. Todos quedan atrapados en una dependencia mutua donde la entrega, la lealtad y el bienestar del grupo son fundamentales. El logro de la autonomía se convierte en una tarea difícil de cumplir.

  • Familias muy cerradas hacia el exterior ("somos diferentes y lo nuestro es mejor") por lo que tienen dificultad para hacer intercambios flexibles y saludables con el entorno. Cuando algún tercero, ya sea novio o amigo, entra a la familia, si bien no es rápidamente expulsado, pronto se integra al estilo de la familia.

  • Familias con estructuras jerárquicas difusas: poca distinción de límites entre padres e hijos, incluso entre estos y las generaciones precedentes. Esto favorece la aparición de alianzas encubiertas y coaliciones de algún miembro contra otro, generando un esquema estereotipado de convivencia que puede atrapar a la familia en círculos viciosos relacionales difíciles de cambiar.

  • De manera contrastante en algunas familias los padres están poco implicados en el cuidado y protección de los hijos, así como en su proceso educativo. El abandono y el descuido favorece el aislamiento del hijo haciéndolo el blanco perfecto para un trastorno alimentario.

  • Renuencia al cambio pensando que el único problema de la familia es la enfermedad del miembro sintomático, por lo que todos los conflictos de la familia se depositan en el enfermo. Así vemos cómo la familia apoya la somatización de los conflictos a través del trastorno alimentario.
Metafóricamente podríamos decir que de la misma manera que la chica anoréxica está atrapada en una restricción terrible de las posibilidades de elegir sus alimentos, parece ser que las familias se encuentran sometidas al dictado reduccionista de reglas rígidas de interactuar, que también dejan poco espacio de elección. Si la anoréxica lucha con distorsiones de la autoimagen y se somete a dietas alimenticias, las familias luchan con el exceso o con la falta de algunos comportamientos relacionales. Tienen preferencias de conductas que llevan a auténticos atracones y prohibiciones totalitarias referentes a la manera de comportarse que implican tabúes estrictos en las pautas de comunicación (5).


1) Cuando el amor y las buenas intenciones no bastan: la terapia familiar como herramienta en la prevención y el tratamiento integral de los trastornos alimentarios

"Locura, es hacer lo mismo una y otra vez, esperando resultados diferentes" (6).

Los trastornos de la alimentación además de ser un padecimiento vivido y mantenido por toda la familia, genera una serie de reacciones que van deteriorando las relaciones familiares aún más. Reacciones como la negación absoluta y la hipervigilancia, así como el coraje, culpa, manipulación, reclamos e incomprensión se unen a una sensación de impotencia y desesperación por parte de todos.

Es así como la familia tiende a pedir ayuda cuando se siente desesperada y agotada en sus esfuerzos infructuosos por vencer la enfermedad. Los padres ya han elaborado alguna teoría que explique la aparición de la enfermedad, sus sentimientos de culpa se mezclan con el miedo, llevándolos a la parálisis o a repetir intentos de solución errados. Los hermanos suelen sentir al mismo tiempo fastidio y temor. La paciente en forma callada o con manifestaciones de hostilidad asegura que están todos equivocados.

Es común que en ocasiones, los miembros de la familia se perciban a sí mismos como perfectamente normales, padeciendo un "único problema", que solucionado permitirá que todo vuelva a su cauce habitual.

Desde la terapia familiar, el comportamiento de un miembro de la familia no se puede entender, ni modificar, sin tener en cuenta su función en la convivencia del conjunto y el entramado de interacciones repetitivas de todos los miembros de la familia.

De manera particular, la terapia familiar sistémica como herramienta de tratamiento para los trastornos alimentarios, incluye la atención de tres dimensiones:
  • Interacciones familiares.
  • Estructura familiar.
  • Creencias y mitos intergeneracionales.
Concretamente, las intervenciones terapéuticas apuntan a reencuadrar el síntoma dándole nombre (anorexia, bulimia, atracón...) y un nuevo significado a partir de la apertura del conflicto familiar; lo que en un principio sería estandarte de autonomía y diferenciación para el paciente, se va convirtiendo en el símbolo de la dependencia familiar y la dinámica rígida que tiene atrapada a la familia en su totalidad.

De este modo, se explicitan los desacuerdos y se avala la posibilidad de tener diferentes posiciones y puntos de vista dentro de la familia, sin que esto signifique un rompimiento o una deslealtad a la misma. Se modela la negociación como herramienta indispensable para la convivencia.

Así mismo es importante resaltar el círculo vicioso que se genera en torno al tema de la comida, ayudando a los miembros de la familia a ubicar el lugar en el que se posicionan en este juego perpetuándolo y camuflajeando el significado del síntoma. Por ejemplo, la madre suplica a la hija que coma y le prepara diversos platillos para que elija, el padre observa el juego de madre e hija centrado en la comida y se mantiene al margen, la madre reclama al padre su falta de involucración, el padre se acerca agresivo y regaña a la hija, la madre se enoja con el padre y lo vuelve a aislar, iniciando nuevamente todo el ciclo.

Por otra parte, es necesario marcar claramente las jerarquías al interior de la familia haciendo explícitos los subsistemas: distinguir el subsistema parental, del conyugal (pareja) así como el subsistema filial (hijos) del fraternal (hermanos). Diferenciar las decisiones, responsabilidades, deberes y derechos que le corresponden a cada miembro de la familia por su función, su rol y su edad y marcar las distintas generaciones de padres e hijos es indispensable. Generalmente las familias con un trastorno alimentario tiene los límites y las fronteras de los subsistemas trastocados.

Por otro lado las familias transmiten a través de sus distintas generaciones una serie de creencias y mitos en torno a diversas temáticas que van desde el valor de la comida, la forma de comer, la salud y la enfermedad, la manera en que deben relacionarse unos con otros, etc. Estas creencias serán develadas y cuestionadas en el aquí y el ahora para entender de dónde vienen y por qué no son adecuadas en el momento familiar presente. Posteriormente se buscará construir conjuntamente nuevos significados de mayor utilidad para la familia.

El propósito de la terapia es también la flexibilización de los límites y reglas familiares y la construcción de una experiencia de la realidad más amplia en donde se encuentre una mayor gama alternativa de recursos propios de la familia. La terapia mostrará como los mecanismos de adaptación de la familia que anteriormente funcionaban requieren ahora de un cambio para favorecer la evolución de la familia y el desarrollo de cada uno de sus miembros.

A lo largo del tratamiento se resalta la existencia de indicios e ideas que estaban presentes en la familia y parecían no ser miradas, como los secretos, el control y la falta de libertad, abriéndose la posibilidad de que cada quien pueda mostrarse "tal y como es", ya que al negarse o desviarse los conflictos, las relaciones en la familia se van rigidizando y pareciera que solo una sintomatología muy severa, como sería un trastorno alimentario, pudiera abrir los problemas existentes.

En cuanto a la comunicación que existe en la familia, se intentará identificar la existencia de algunos dobles mensajes, a los cuales las pacientes con trastornos alimentarios son particularmente sensibles, sobre todo cuando se habla de imagen personal, comida o dietas. Un doble mensaje sería, en esencia, una comunicación a distintos niveles, en donde una demanda manifiesta es anulada o contradicha en otro nivel latente, analógico o implícito, simultáneamente. Estos mensajes crean gran confusión e inseguridad.

Así mismo, se desafía el sobreinvolucramiento, la sobreprotección y cualquier otro tema que no se relacione con "la comida", mostrando, de esta manera, las cuestiones que en la familia no se tocan, por haber centralizado su conflicto en la comida. También se cuestiona a un sistema donde los límites son difusos y fáciles de traspasar, las jerarquías son débiles, se confunden las responsabilidades y la individuación queda diluida por el sistema.

La terapia entonces transcurrirá teniendo en mente dos niveles de metas: Una inmediata referente a los síntomas y el mejoramiento de la nutrición del paciente y otra a largo plazo que apunta al desarrollo integral de la familia.


2) La familia: alternativa de prevención

Si bien no existen familias "perfectas", si podemos mencionar algunos aspectos a tener en cuenta para hacer de nuestra familia un ambiente "lleno de nutrientes" generadores de salud y promotores del crecimiento:
  • Cada miembro de la familia es una persona con necesidades, gustos, intereses y capacidades propias. Poder conocer estás características individuales nos permite acercarnos unos a otros de manera respetuosa y comprensiva.

  • La familia como grupo se enriquece de las diferencias de sus integrantes. Podemos lograr un equilibrio entre ser una familia unida y ser un individuo realizado.

  • La familia como unidad también se favorece del contacto con el exterior: relacionarnos con nuevas personas y abrirnos a nuevas experiencias, permite lograr un intercambio entre nuestra familia y el mundo que la rodea.

  • Las diversas etapas por las que pasa una familia a lo largo del tiempo requiere de la flexibilidad de sus miembros, primero para entender como "normales" los cambios que acontecen y segundo para ir facilitando la autonomía de sus miembros sin perder por eso su identidad como familia. No es lo mismo ser una familia con hijos pequeños que requieren de la total atención de sus padres que una familia con adultos jóvenes que necesitan entrar y salir del hogar para ir labrando su propio destino.

  • Las reglas y límites familiares deben ser claros, explícitos y firmes pero al mismo tiempo cuestionables y flexibles para responder a situaciones especiales y a las nuevas demandas de una familia en crecimiento.

  • La comunicación es una herramienta indispensable y privilegiada para intercambiar sentimientos, pensamientos, proyectos y necesidades al interior de la familia. Es importante crear espacios de diálogo donde se puedan compartir desde sucesos cotidianos hasta temas profundos.

  • La congruencia entre lo que decimos, sentimos y hacemos es fuente de seguridad y confianza para todos los miembros de la familia.

  • Los conflictos son inevitables en una familia. El problema no son las diferencias que surjan entre nosotros sino la imposibilidad de reconocerlas, "ponerlas sobre la mesa" y solucionarlas. Evitar y negar los conflictos crea un ambiente de creciente ansiedad y al mismo tiempo hace que el conflicto se agrande y complique. Hay que encarar los problemas y darle salidas eficaces.

  • La calidad de una familia se relaciona mucho con la calidad de la relación de los esposos: como pareja y como padres. De ahí la importancia de que la pareja busque espacios para sí misma donde pueda divertirse, conversar, cuestionarse, planear, negociar, etc., al mismo tiempo que se presente ante los hijos como un equipo de padres amoroso y eficaz.

  • Trabajar como esposos en la relación de pareja, afrontando la insatisfacción y las diferencias que una vida compartida puede generar, permite que los padres se acerquen a sus hijos de manera sana, evitando crear relaciones sobreinvolucradas con ellos, hacer bandos a favor de mamá o papá o simplemente descargando en ellos la frustración personal.
La vida familiar es muy dinámica y siempre nos pone ante el dilema del cambio. ¡Es tanto lo que nos importa mantener la estabilidad emocional al interior de la familia que a veces nos paralizamos ante los nuevos retos!. Cuando sintamos que alguna situación se torna compleja o comienza a sobrepasarnos hemos de recordar que siempre podemos encontrar diversas alternativas para consultar y pedir ayuda.

¡No permitamos que las dificultades normales de la vida cobren altísimos costos a nuestra familia!