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Soren García Ascot y Marisa Oseguera*
- Antecedentes de la organización
ILEF
El Instituto Latinoamericano de Estudios de la Familia, A. C., ILEF, tiene como objetivo formar terapeutas familiares a nivel maestría, especializados en la prevención y tratamiento terapéutico de familias, parejas e individuos. Ofrece diplomados y cursos dirigidos a profesionales de la salud e instituciones que trabajan directa o indirectamente con el grupo familiar. Asimismo otorga atención psicológica a individuos, familias y a otros grupos sociales. Realiza investigaciones sobre el fenómeno social de la familia.
El ILEF tiene 24 años de existencia formando terapeutas familiares con enfoque sistémico. Atiende a un promedio de 150 familias de escasos recursos al año y ha publicado investigaciones en temas tales como migración, pareja y violencia, entre otros. También ha realizado varios convenios de colaboración con instancias como la Secretaría de Gobernación, DIF, Gobierno del DF, INDESOL, entre otros. Sus miembros han participado como especialistas en diferentes medios de comunicación y en foros especializados nacionales e internacionales.
*El artículo es producto del trabajo clínico y discusión teórica del equipo CAVIDA del Instituto Latinoamericano de Estudios de la Familia, A. C. (ILEF), coordinado por Ignacio Maldonado y Flora Aurón; integrantes: Analía Castañer, Soren García Ascot, Alejandra López, María Maldonado, Alberto Mohadeb, Marisa Oseguera, Magdalena Sánchez, Adriana Segovia, Manuel Turrent y Tomoko Yashiro
CAVIDA
En 1994 se funda en el ILEF el equipo especializado en familias y violencia en el contexto de la atención brindada por la clínica de atención a la comunidad. En el mismo año se firma un convenio con la Secretaría de Gobernación (Dirección General de Prevención y Tratamiento de Menores) para la atención de menores infractores y sus familias, en la modalidad de "terapia bajo mandato".
En 1996, asume la coordinación del Centro de Atención a la Violencia Doméstica, CAVIDA, el Dr. Ignacio Maldonado y poco después establece una co-coordinación con la Dra. Flora Aurón. A partir de ahí, nuestro trabajo se ha centrado en la atención de familias con violencia en la clínica del ILEF, por parte de nuestro equipo, trabajo que se convierte en un "laboratorio" para la reflexión teórica y para la generación de líneas de reflexión que han ido formando un modelo de atención. A partir de este trabajo de investigación-acción, se han extendido nuestras actividades a la capacitación, contención, supervisión clínica, así como trabajos de prevención.
OBJETIVOS
CAVIDA es uno de los equipos de trabajo del ILEF que tiene como objetivo encontrar, a través de la investigación-acción, un modelo de intervención breve, efectiva y de efecto multiplicador para atender casos de violencia familiar, así como definir lineamientos básicos de prevención de la violencia que sean aplicables a diferentes ámbitos, tanto el propiamente terapéutico, como al educativo y el de los medios de difusión masiva, entre otros.
Nuestro trabajo permanente consiste en el diseño y operación de un modelo de intervención terapéutica para el tratamiento de violencia familiar, generado a partir de la discusión teórica del equipo y de la atención terapéutica a familias con problemas de violencia en la clínica de atención a la comunidad del ILEF, así como en las comunidades donde hemos ofrecido nuestros servicios.
MARCO TEÓRICO
En CAVIDA, partimos de la concepción de la violencia como el ejercicio del poder que afecta negativamente la libertad y la dignidad del otro. Esos otros generalmente se encuentran en un estado más vulnerable del que somete, ya sea por su sexo, edad, fuerza física, fuerza de estado, o relación de parentesco. Este sometimiento utiliza métodos que generalmente causan grave daño físico o emocional en quien se ejerce. Siguiendo la distinción de Foucault, cuando existe un ejercicio del poder, el otro tiene posibilidad de reaccionar, cuando lo que se ejerce es el dominio, no hay posibilidad de reaccionar; en estos niveles de violencia estarían la tortura e incluso la pobreza extrema.
Nuestro principal apoyo teórico lo constituye la Teoría General de Sistemas (Von Bertalanffy, 1968), así como la atención a la distinción de la primera y la segunda Cibernética, -cuyos presupuestos centrales se articulan alrededor del concepto de autopoiesis o auto-organización, derivado de los estudios en el campo de la biología realizados por Humberto Maturana y Francisco Varela- para observar en los sistemas aquellos cambios que mantienen la estabilidad y los que permiten cambios de estructura o de segundo orden (segunda cibernética). En la Cibernética de segundo orden (Heinz Von Foerster, 1970) además está incluido el observador como parte del sistema. Mantenemos una visión sensible al género, entendiendo en ella el cuidado de hombres y mujeres; analizamos también el tema del poder. Asimismo observamos aspectos psicoanalíticos en la medida que esta visión permite comprender los conflictos intrapsíquicos, así como el pasaje transgeneracional de la violencia. Igualmente atendemos los lineamientos teóricos del Socioconstruccionismo (Gergen, 1969) y de los modelos estructural y narrativo de la terapia familiar.
Nuestras premisas éticas y terapéuticas comprenden los principios de transparencia, multiparcialidad y el reconocimiento del doble papel que jugamos como terapeutas y como agentes del control social. Rechazamos la violencia en todas sus manifestaciones (física y emocional) como forma relacional, e insistimos en la responsabilización de los involucrados, quien ejerce la violencia debe responsabilizarse por su agresión y quien la recibe, si es adulto, debe responsabilizarse de su cuidado personal; los adultos deben asumir la responsabilidad de los miembros más vulnerables de la familia. De estas posturas éticas y teóricas emana el respeto a la diversidad y una visión tendiente a resaltar los recursos de las personas y las familias.
- Antecedentes de la intervención con hombres
Hasta hace no mucho la violencia familiar era considerada un problema poco frecuente, anormal y atribuido a personas con trastornos psicopatológicos, sin embargo las investigaciones realizadas en los últimos veinte años nos demuestran que el maltrato y la violencia dentro de las familias son fenómenos comunes desde un punto de vista estadístico y que el hecho de que esto suceda depende en gran parte de valores, mitos, estereotipos y creencias relacionados con el poder, las jerarquías y el género firmemente arraigados en la sociedad.
Hoy en día, la violencia familiar representa un grave problema de salud pública, por la incidencia tan alta, se calcula que alrededor del 50% de las familias sufre o ha sufrido alguna forma de violencia.
En nuestro trabajo hemos insistido en la importancia de incluir al hombre en los programas de prevención y tratamiento de personas en situación de violencia. Algunas de nuestras reflexiones han sido: la dificultad que representa para la mujer romper definitivamente con su pareja, aun cuando haya vivido escenas de horror, en las cuales su vida y la de sus hijos se encuentra en un gran riesgo; esos vínculos son tan complejos y están comprometidos en ellos lazos de diferente índole como serían, amor, odio, las necesidades económicas, la identidad misma, y la existencia del propio self.
También se encuentran comprometidas las lealtades a los mitos y creencias familiares que a veces perpetúan ciertos mandatos familiares, como "lo importante es conservar a la familia, no dejes a tus hijos sin padre, ya se le pasará, todos los hombres son iguales, a nosotras nos toca comprenderlos y cuidarlos". Así es como la mujer en nuestra cultura ha construido su vivencia de género, cercada y "obligada" a permanecer en la relación aun a costa de su propio bienestar y seguridad.
Romper un vínculo siempre es difícil y doloroso, además cuando se tienen hijos la mujer se verá en la necesidad de mantener cierto tipo de relación con la pareja aun cuando logren separarse o divorciarse y si el hombre no ha recibido ningún tipo de atención, cualquier contacto entre ellos resultará tan amenazante o más para la mujer y para sus hijos.
Por otro lado, hemos aprendido que el hombre vive y sufre las consecuencias de su propia violencia, el aislamiento, la desesperanza, la soledad, la culpa, depresión, su baja autoestima, su poco o nulo deseo de vivir, aunado a problemas laborales, económicos, de salud física, etc., ahora sabemos que también son prisioneros e irónicamente víctimas de la representación dominante, sus privilegios encuentran su contraparte en la tensión permanente que impone a cada hombre el deber de afirmar y reafirmar su virilidad (Bourdieu, 1996)
Analizando desde una óptica más amplia e histórica la mayoría de episodios de violencia mayor, (combates militares, homicidios y asaltos armados) han sido asuntos entre hombres (Connell, 1997), esto refleja que el sistema de dominación establece una lucha por someter y controlar a otros de una "posición inferior", tomando en cuenta, la raza, la clase social, el género, la etnia y la edad, como una forma de afirmar la masculinidad.
El hombre necesita ser apoyado en el proceso de reconocer sus propios prejuicios y contradicciones entre los privilegios y las exigencias sociales que van desde lo emocional hasta lo económico y que representan costos tan elevados como la vida misma. Requiere espacios terapéuticos, no sólo para renunciar a la violencia, sino para aprender a relacionarse de una manera diferente, en la que respete, escuche, atienda las necesidades de otros, colabore, sea equitativo y sea parte de un vínculo pacífico y de crecimiento mutuo.
En el año 2004, iniciamos los primeros grupos de atención a hombres específicamente, aunque antes ya eran incluidos en sesiones de terapia familiar y de pareja, siempre tomando en cuenta que el espacio terapéutico representara un contexto de seguridad en el cual los terapeutas evaluamos cuidadosamente que las sesiones no dieran lugar a eventos de violencia, tanto dentro como fuera de las sesiones.
Algunos de los grupos inicialmente se trabajaron fueron grupos de corte psicoeducativo con contratos de 10 a 12 sesiones semanales, especialmente fueron aquellos financiados por organismos como Indesol, grupos que se desarrollaron tanto en las instalaciones del ILEF como en otros espacios comunitarios. Estas experiencias nos mostraron la necesidad de conformar un modelo de atención que por un lado ofreciera un tiempo suficiente para trabajar tan compleja problemática y por otro que en esos periodos (2 años en promedio) se implementaran otros recursos terapéuticos que corresponden a los señalados en el marco teórico, los cuales van mas allá de las intervenciones psicoeducativas.
En la actualidad, han sido alrededor de 80 los hombres que han recibido atención en CAVIDA bajo la modalidad grupal, las edades de los participantes oscilan entre 31 y 60 años, su estado civil es variado. La mitad de ellos cuenta con una carrera universitaria y la otra mitad por lo menos con secundaria.
La posición laboral de los hombres también es muy variada, así como su nivel socioeconómico, ya que han asistido a los grupos hombres profesionistas, empleados de diversas ramas o dedicados al comercio o servicios. Esto ha enriquecido mucho el trabajo y ha ayudado a cuestionar la creencia de que la violencia solamente se da en ciertos estratos sociales.
- Metodología del trabajo en los grupos
Objetivo general:
Promover entre los participantes la construcción de relaciones pacíficas, a partir de renunciar a la violencia.
Objetivos específicos:
- Reconocer las diferentes manifestaciones de su conducta violenta y sus motivaciones para el cambio.
- Deconstruir las premisas culturales en relación al género y su relación con el abuso del poder y el sometimiento.
- Identificar y analizar los procesos asociados a la construcción de la masculinidad en nuestra cultura y su relación con la violencia hacia la mujer y entre los mismos hombres .
- Reflexionar sobre cómo los patrones relacionales y de estructura familiar se transmiten de generación en generación a través de los sistemas de lealtades.
- Deconstruir viejas pautas de relación familiares y personales que generan violencia.
- Explorar e intercambiar formas alternativas de masculinidad y trabajar en su desarrollo para incorporarlas a sus vidas.
- Construir relaciones pacíficas y equitativas en todos sus ámbitos.
- Conformar una red de apoyo y activar las que ya tienen.
- Crear una atmósfera grupal que propicie el reconocimiento y verbalización de emociones y de sentimientos.
- Contener y liberar el sufrimiento y síntomas asociados, a través del espacio de escucha y participación, donde se reconoce al otro como semejante, pero con una historia particular, lo cual promueve la elaboración con la ayuda del otro.
La convocatoria se extiende a hombres en situación de violencia, generadores y/o receptores que estuvieran motivados para renunciar a la violencia y trabajar todas aquellas situaciones relacionadas con el ser hombre en nuestra cultura.
La principal promoción se ha dado desde la clínica del ILEF, para que los terapeutas que participan en la atención de familias tuvieran esta opción y derivaran a pacientes que se encontraban en tratamiento familiar o de pareja y presentaban problemas de violencia. La mayoría de pacientes han sido referidos por sus terapeutas, algunos continuaban en su proceso y el resto lo habían concluido o habían acordado hacer un paréntesis en su tratamiento.
Se realizan entrevistas de valoración y filtro con aquellos pacientes que se presentan por primera vez al grupo. Las entrevistas las realizan individualmente uno de los coordinadores, tomando en cuenta los criterios que a continuación se señalan. En la misma entrevista, una vez que se acepta el ingreso al grupo, se le informa al paciente el encuadre de trabajo, agregando las cuestiones relativas a la confidencialidad, videograbación y honorarios.
Criterios de inclusión:
- Edad mínima de 18 años.
- Hombres interesados en reflexionar acerca de los géneros y de las relaciones de poder.
- Hombres generadores decididos a parar la violencia
- Hombres en situación de violencia como generador, receptor o testigo.
- Con disposición de tiempo y compromiso para asistir a las sesiones grupales.
Criterios de exclusión:
- Menores de edad
- Personas en estado de intoxicación por alcohol u otro tipo de sustancia.
- Trastornos psiquiátricos severos: de personalidad, psicosis, demencia y otro que dificulten el trabajo en grupo.
- Situaciones de riesgo extremo que requieren otro tipo de atención especializada o en su caso internamiento: como ideación y/o intento suicida, ideas y/o intento de homicidio (previa valoración se pueden aceptar siempre y cuando se encuentren en tratamiento individual psicoterapéutico y en algunos casos psiquiátrico).
- Hombres que tengan relación de parentesco, de amistad, de vecinos o de compañeros de trabajo con otros integrantes del grupo.
- Retraso mental de moderado a profundo.
- Las sesiones se llevan a cabo los jueves de cada semana, de 8:30 a 10 hrs. en una de las cámaras de Gesell del ILEF.
- En la primera sesión se aclaran las siguientes reglas:
- Si alguien decidiera no continuar, se compromete a informar al grupo cuáles son los motivos de tal decisión y despedirse de preferencia personalmente en sesión o de lo contrario telefónicamente.
- Cada integrante establece la cantidad que le será posible pagar de acuerdo a su situación económica y se compromete a cubrir todas las sesiones, aun cuando no le fuera posible acudir, este acuerdo se hizo por escrito sólo para el conocimiento de los terapeutas de forma que no influyera en la cantidad que aportarían los demás.
- Se habla de la importancia de respetar los principios de asistencia y puntualidad, y en caso de no poder asistir comunicarse con los coordinadores.
- Las primeras sesiones quedan abiertas para el ingreso de nuevos integrantes hasta completar un total de ocho a diez.
- Respetar, observar y escuchar, evitando interpretaciones y juicios, desde luego comentarios que puedan violentar al grupo o a las personas.
- Si alguno de los participantes se ausentara por dos sesiones y no se comunica con el grupo, se da de baja y en un momento dado se podría disponer de ese lugar para otra persona.
En la primera sesión se le solicita a cada uno de los asistentes llenar un formato autorizando la videograbación de las sesiones, en dicho formato se establece que el material puede ser utilizado por CAVIDA sólo con fines de estudio y didácticos.
La confidencialidad es uno de los principios fundamentales de cualquier modalidad terapéutica, por lo que está incluida de manera explícita. Desde un primer momento dejamos claro que el material que se trabaja en las sesiones se comparte con todo el equipo CAVIDA.
Además hacemos explícito que si detectamos cualquier situación de riesgo del paciente y su familia en relación a la violencia, nos concedemos el derecho de utilizar la información para la protección de las personas involucradas, como plantear a nivel individual o en el espacio grupal la situación de riesgo e invitarlos a la responsabilidad. Este mensaje también implica la doble postura del equipo: como terapeutas y como agentes de control social y como tales señalamos las implicaciones legales de la conducta violenta.
Se les invita a hacer el compromiso de esforzarse permanentemente por no violentar a nadie ni física ni verbalmente. Hemos tenido la experiencia de que si rechazamos todo tipo de violencia nos arriesgamos a que en el inicio del proceso los miembros del grupo no reconozcan todas las formas en que se manifiesta, mantengan en secreto cualquier evento vinculado con ésta o deserten al considerar que no pudieron cumplir con el requisito.
Con este compromiso, que se pide también por escrito, da inicio un proceso de sensibilización sobre el rol de control social que tiene todo el nuevo sistema terapéutico: equipo, coordinadores y grupo de pacientes; además funciona como un organizador del grupo, y contribuye a conformar la identidad y cultura grupal, así queda plasmado desde el primer momento uno de nuestros principios éticos y terapéuticos: no a la violencia bajo ninguna circunstancia".
Las sesiones terapéuticas se desarrollan de la siguiente forma:
Pre-sesión
Antes de iniciar la sesión, los coordinadores del grupo se reúnen con el equipo para recapitular sobre lo acontecido en la sesión anterior, los temas que quedaron pendientes y el proceso grupal en general. En ocasiones se toman acuerdos sobre una línea a seguir, y en otras se deja totalmente abierto al material que trae el grupo.
Sesión
Se inicia la sesión con preguntas abiertas de carácter social, ¿cómo están?, aunque el grupo no es psicoeducativo, los terapeutas conservan una lista de temas a tratar, y cuando alguno de los integrantes inicia comentando algo que había sucedido en la semana, se promueve la participación a través de preguntas reflexivas alrededor de uno o dos temas.
Conversación con el equipo
Los terapeutas se reúnen atrás del espejo para conversar con el equipo sobre asuntos importantes de la sesión y se comparten algunos de esos comentarios con los integrantes del grupo a manera de reflexión, como una intervención terapéutica o un mensaje.
Cierre de la sesión
Después de los comentarios y reflexiones del equipo, se invitaba a los participantes a comentar lo que les había resultado importante, a subrayar una idea, a descartar o agregar algo. En pocas ocasiones se dejaba alguna tarea extrasesión, a veces para todo el grupo o para alguien en especial.
Post-sesión
Implementamos una discusión del equipo en la cámara que también se procuraba grabar para dejarla como material de análisis y sistematización, Se tocaba los contenidos y el proceso del grupo, identificando situaciones de riesgo que llevaban a planear alguna estrategia para las siguientes sesiones o para activar alguna parte de la red de otros profesionistas y/o servicios.
Discusión con todo el equipo
Después de las sesiones de grupo, tanto de hombres como de mujeres, nos reunimos con todo el equipo CAVIDA y revisamos el material de cada grupo, teniendo un cuidado especial con aquellos casos de riesgo, o cuando en ambos grupos participaban los miembros de la pareja o familiares.
Coterapia mixta
CAVIDA se ha caracterizado por llevar un proceso de investigación-acción permanente. Hemos trabajado con familias, parejas, y grupos, bajo la modalidad de coterapia, en los dos primeros casos, familia y parejas, ya se había tenido la experiencia de la coterapia mixta o de hombre y mujer, no así en la conducción de grupos, hasta que en un proyecto financiado por INDESOL, se llevaron dos grupos, cada uno trabajó sólo diez sesiones y se tuvo como sede el Instituto Nacional de Rehabilitación; este trabajo con buenos resultados, así es que nos propusimos como equipo experimentar esta modalidad, incluyendo la variable de la coterapia hombre y mujer, y un equipo de apoyo que permitiera en nuestra metodología de investigación-acción evaluar su efectividad y sus obstáculos o limitaciones. La experiencia arrojó excelentes resultados en cuanto al enriquecimiento de las visiones, la ruptura de prejuicios y el modelaje en la comunicación.
- Dificultades en el tratamiento a hombres
Algunas de las dificultades con las que nos enfrentamos en el trabajo con los grupos de hombres fue que lograran aceptar que a sus parejas les cuesta trabajo reconocer y confiar en sus cambios, lo cual a veces los desmotiva. Algunos de ellos esperan el perdón por el solo hecho de ingresar al grupo, con la expectativa de que la pareja olvide toda la violencia por la que pasó. En este punto se busca, por medio del trabajo grupal, que puedan analizar las diferentes experiencias en las relaciones de pareja y se refuerza que se hagan responsables de la violencia que cada uno ha ejercido sobre sus parejas y los efectos de ésta. Uno de ellos reflexionó: "ella tiene el derecho de no perdonar, y si lo hace es por un proceso muy largo, en el cual nosotros tenemos mucho que ver".
Otro momento difícil con el que nos hemos enfrentado fue cuando uno de los integrantes del grupo empezó a mostrar rasgos de una personalidad psicopática en el desarrollo de las sesiones. Vivía una relación de violencia extrema y mucho riesgo con su pareja y sus hijos, conductas manipuladoras y mitómanas, abuso de alcohol, ausencia de sentimientos de culpa y responsabilidad. Monopolizaba la conversación durante las sesiones con historias muy fuertes y perturbadoras de un riesgo extremo como intentos de homicidio hacia la pareja. En una ocasión intentó estrangularla hasta que ella perdió el conocimiento, y en otra, le metió agua gasificada a presión por la nariz haciéndole casi imposible respirar. Esta situación despertó en los integrantes del grupo y de los terapeutas una intensa preocupación por sus conductas y por la seguridad de su mujer y sus hijos.
Fue muy difícil el manejo de esta situación para todo el grupo y el equipo, ya que él triangulaba constantemente a los terapeutas a través de llamadas telefónicas. Después de la segunda sesión grupal a la que asistió fue derivado (por acuerdo de todo el equipo), a valoración con un psiquiatra con quien nos hemos mantenido en contacto y quien coincidió con en el diagnóstico y con la sensación de que había pocas posibilidades de que se comprometiera con el tratamiento.
La presencia de este hombre en el grupo nos llevó a horas de discusión y reflexión sobre si era pertinente que siguiera o no en el grupo, el equipo completo participó en estas discusiones, nos planteamos diferentes dilemas que tenían que ver con lo terapéutico y lo legal, con el beneficio para el grupo de un integrante con esas características, del beneficio para el mismo del trabajo en grupo, hasta que llegamos a la decisión de que por no cumplir con el compromiso de parar la violencia, requisito explícito para estar en el grupo, nuestro papel, no sólo como terapeutas sino como agentes de control social, por las implicaciones legales que tiene la violencia, sería darlo de baja del grupo.
Decidimos derivarlo a terapia individual con un terapeuta del equipo. Esta decisión generó en el grupo de hombres opiniones encontradas, algunos opinaban sobre lo necesario que era poner límites claros, otros opinaban que era mejor que las personas con algún daño orgánico se atendieran en otro lugar, pero la mayoría, precisamente por el riesgo tan alto, creían que lo mejor era que se quedara en el grupo, actitud que demostró una gran solidaridad. Esta situación fue muy compleja y nos llevó a hacer varias reflexiones importantes: La importancia de afinar la entrevista de selección, ratificamos la inconveniencia de incluir personas con trastornos de personalidad severos, como psicopatía, narcisismo y trastornos borderline. Sin embargo, esta situación nos fue útil para contactar con la madurez del grupo y su capacidad de comprender la complejidad de una situación como ésta.
- Resultados de la intervención y reflexiones sobre las prácticas más exitosas
Incluir la confidencialidad dentro del encuadre es de vital importancia para generar un espacio de apertura y confianza. En los grupos de hombres desde la primera sesión se establece un compromiso verbal y por escrito de renunciar a la violencia. Firmar un documento refuerza el compromiso que establecen entre ellos mismos y con el grupo de frenar la violencia.
El nombrar la violencia ayuda a que los hombres empiecen a ubicar conductas violentas en sus relaciones, si bien existe un reconocimiento de la violencia física y verbal, resulta más difícil distinguir los otros tipos de violencia, trabajo que se va dando a lo largo del proceso. Para esto, nos hemos apoyado con el folleto "Y decidí vivir sin violencia…, la historia de Gregorio". Una guía que tiene como objetivo la reflexión personal de los hombres que deciden parar la violencia y que fue elaborado por CAVIDA en el 2004.
En las descripciones de las situaciones de violencia observamos que en las primeras sesiones el hombre tiende a minimizar y a justificar la violencia que ejerce, "ella me provocó", "en mi familia yo sufrí mucho", por lo cual las intervenciones de los terapeutas en el grupo van encaminadas a que el hombre tome el 100% de responsabilidad sobre sus acciones, reforzando este proceso los miembros del grupo que tienen más tiempo trabajando su conducta violenta. La conversación terapéutica en la primera etapa se enfoca a identificar los motivos por los cuales quieren renunciar a la violencia y el significado que tiene en sus vidas una elección de este tipo.
Los terapeutas, siempre partiendo de las experiencias que los integrantes del grupo comparten, incluyen algunos contenidos psicoeducativos acerca del ciclo de la violencia y los síndromes relacionados con ella. La comprensión de estos temas permite entender lo difícil que puede ser salir de una dinámica violenta y el esfuerzo permanente que implica. También es importante porque favorece que los hombres puedan aceptar los efectos de la violencia y la empatía que se requiere para comprender el gran dolor que sus parejas manifiestan.
En el grupo es frecuente que se compartan algunos testimonios de eventos violentos que incluyen situaciones de mucho riesgo en las que está presente el abuso de alcohol, en estos casos se recomienda su incorporación a grupos de AA, para que simultáneamente trabajen en ambos grupos, procesos que nos parecen muy enriquecedores.
Conforme transcurre el tiempo y los miembros de los grupos van sintiéndose más cómodos con la forma de trabajar y con mayor confianza para compartir sus historias y sus problemas, se va generando un sentimiento de solidaridad entre ellos, se ven reflejados en las historias de los otros y de esta forma se fortalecen ciertos vínculos. La participación de los integrantes se observa más fluida y reflexiva con mayor escucha al discurso del otro. En los distintos grupos han elaborado directorios para hablarse fuera de las sesiones y se han reunido en los momentos de crisis de alguno de ellos, el grupo funciona como un verdadero espacio de contención y conformándose una red social importante.
Se dan conversaciones en las que reconocemos espejeos, término que se refiere al poder identificarse con el otro o verse reflejado en él-: " lo que tú cuentas me conecta con…, o yo me identifico con…" . Cuando se trabaja con equipo, éste participa en algunas sesiones como equipo reflexivo, intervenciones que resultan sumamente poderosas al amplificar la multiplicidad de voces como en sesiones en la que se toca el tema de la infidelidad, los miembros del equipo aportan diferentes experiencias y creencias alrededor del tema. La participación del equipo reflexivo resulta muy útil para precisar algunas distinciones de acuerdo a la situación de las diferentes parejas y como en este tema, permiten ubicar cuando la infidelidad se suma a la violencia dentro de la pareja.
Para los terapeutas fue siempre muy importante no forzar a las personas a hablar, respetando sus ritmos personales, aunque son incluidos con mucha suavidad y cuidado en los mensajes de los terapeutas.
Cuando surgen líderes, estos frecuentemente dan foco a la responsabilidad como objetivo prioritario, en todos los casos han sido muy bien acogidos por el grupo, lo cual ha facilitado los diferentes procesos de integración, cohesión y cultura grupal, incorporando un lenguaje en común, por ejemplo: "me he llevado del grupo muchas herramientas", "cuando me sentí tan alterado pensé en cuáles eran las herramientas que me son útiles ahora" "darme cuenta cómo se siente mi cuerpo ha sido una herramienta, ya que me permite no engancharme".
Otro aspecto relevante es cómo se generaran relaciones horizontales, en donde está muy presente el tema del poder y el abuso del mismo, por lo que evitan permanentemente imponer su punto de vista frente a la problemática del otro, se muestran respetuosos y como se mencionó anteriormente, se desarrolla una capacidad de escucha y de empatía entre ellos mismos.
Son frecuentes las sesiones en las que se llevan a cabo procesos de deconstrucción de las premisas de género de la cultura y de las familias de origen. La mayoría de los participantes logran reconocer sus historias dominantes y las consecuencias que éstas han tenido en sus vidas. Se discuten ideas preconcebidas como: "los hombres no sienten", "la hombría depende del éxito económico y laboral", "Ser hombre es igual a ser macho y tener varias mujeres"; y en lo relacionado con la mujer: "La mujer está para hacerse cargo de la casa y de sus hijos por su instinto maternal", "La mujer está para servir a su marido", "Las mujeres no pueden establecer relaciones de amistad con otros hombres".
La externalización de las premisas que sostienen una masculinidad asociada con el abuso de poder promueve que los hombres reconozcan las consecuencias que éstas han tenido en su vida, como restricciones en su mundo afectivo, relacional, en su salud. Dichas conversaciones terapéuticas se dan sin que ellos se sientan amenazados o juzgados al comprender que la cultura y la familia les impone una serie de mandatos tanto a ellos como a las mujeres, pero que no les exime de la responsabilidad sobre sus acciones.
Estos procesos de deconstrucción permiten construir historias alternativas y nuevos significados de género, así como distintas formas de relación con la familia y en su ambiente de trabajo, algunos hombres que tienen personal a su cargo han modificado incluso la forma de manejar la autoridad.
Éste es un proceso sumamente difícil, por un lado los roles de género que aprenden, reconocen que han tenido consecuencias negativas en sus vidas y sus relaciones, pero por otro lado se les dificulta construir una identidad masculina que les permita una forma pacífica y equitativa de relación.
Otro tema importante y amplio es el de la paternidad y la maternidad. En los grupos se trabaja la historia de violencia que ellos vivieron como hijos, patrón relacional que muchos repetían con los suyos. Para la mayoría es fue muy fuerte, doloroso y revelador reconocer que la violencia suele reproducirse a través de generaciones de forma que, de no trabajarse, muy probablemente sus hijos violentarán a sus nietos y así sucesivamente; además les impacta mucho imaginarse a sus hijas con parejas que las violentaran. Estas reflexiones son el punto de partida para modificar la relación con sus hijos.
Como es muy común en la sociedad mexicana, varios de los integrantes de los grupos forman parte de una familia con un padre distante, ausente, que ejerce violencia de distintas formas y una madre ambivalente, agresiva pero presente. El poder espejearse -a través de sus historias familiares, es algo que ayuda a los integrantes del grupo a integrarse y comprenderse mejor. "cuando te escucho, te veo y has de cuenta que me estoy viendo en un espejo".
Como en todas las sesiones, el grupo trae los temas sobre los que se bordan diferentes experiencias y significados, como el ser perdonado por la violencia que ha ejercido, tema que genera en el grupo discusión y reflexiones sobre la complejidad de este proceso: "el perdón tiene varios ingredientes: respeto, responsabilidad, reconocimiento del daño, reparar partiendo de la empatía. Y además es importante entender que la mujer tiene el derecho de concederlo o negarlo".
También se plantea la posibilidad que haya partes de la experiencia que puedan ser perdonadas y otras no, que el proceso puede llevar mucho tiempo y que perdonar no necesariamente implica aceptar seguir con la relación.
Se trabajan muchos otros temas como la responsabilidad, familia de origen, transmisión generacional y sistema de lealtades, poder y control, la dificultad para expresar sus emociones, depresión e ideas suicidas, alcohol y drogas, relaciones extramaritales, formas alternativas de ser hombre y de ser mujer, dinero, sexualidad, trabajo, límites, entre otros.
Algunos de los integrantes de los grupos son referidos a algún otro terapeuta del equipo CAVIDA, ya sea a sesiones individuales, familiares o de pareja, esto siempre como un apoyo al trabajo que cada uno hace dentro del grupo.
Dentro del modelo de atención de CAVIDA consideramos importante que no sea el mismo terapeuta que coordina el grupo quien atienda a sus miembros en otra modalidad terapéutica.
Algunos testimonios de lo que significaba el proceso terapéutico grupal fueron:
A-"para mí el grupo es como mi Prozac, a lo mejor es dependencia, pero estoy esperando el jueves, hasta en mi familia y en mi trabajo tienen muy presente el día que vengo, porque me ven mejor después de las sesiones"
E-" cuando es miércoles y pienso 'mañana vengo al grupo', me hace sentir bien"..
I- "lo más importante que he aprendido en el grupo es dejar de sufrir"
F-"Yo he aprendido a vivir más independiente, a no engancharme, a mí me sirve aunque a veces no hable".
I- "me levanta el ánimo".
F- "antes tenía un foco fundido y no veía muchas cosas que ahora veo"
A- "aprendo a usar las herramientas del grupo, a pedir ayuda, por eso les llamo a algunos de los compañeros"
F- "también he aprendido a no esperar a que los demás cambien, nosotros somos los que venimos y somos los que debemos cambiar, si quieren darme de alta, estoy pensando en ampararme"
A- "Compartir lo que traigo en el costal es parte de la responsabilidad y les ayuda a mis hijos"
E- "a mí me ayuda saber que tengo un compromiso con el grupo"
H- "ahora soy más perceptivo y analítico"
F- "me sirve más la terapia del grupo porque en la terapia familiar me tenía que estar defendiendo… si no me defiendo estoy más atento a mí mismo".
A- "El grupo me ha funcionado porque, queriendo o no, uno se compromete y se refuerza la voluntad".
A- "aquí nunca me han dado consejos, me regalan reflexiones".
Otro de los temas importantes es el de "migración de la identidad" (Michael White), planteando el proceso de cambio como la metáfora de un viaje, lo que les permite revisar en qué lugar iniciaron, en qué lugar se encuentran y a dónde le gustaría llegar. Se les pide que identifiquen las señales que les permiten ubicar el lugar en donde están y las que les dirán que han llegado a ese nuevo lugar".
En esta conversación los hombres de los grupos coinciden frecuentemente en haber parado la violencia física, como primera estación de ese viaje, pero de acuerdo al momento de su proceso algunos reconocen su dificultad para frenar otras formas de violencia y de asumir la responsabilidad sobre sus emociones y sus reacciones. Incluimos por medio de preguntas circulares (Selvini) a las familias, cuestionándolos acerca de los cambios que pueden percibir en ellos. Algunos refieren que la familia sí percibe algunas diferencias, pero su sensación es que no son suficientes.
El grupo al ir desarrollando una identidad y una cultura grupal va incorporando un lenguaje común, se refieren al "nosotros" aludiendo a sus experiencias y propósitos compartidos. Hacen alusiones a las historias de sus compañeros como voces que les permiten manejar situaciones de conflicto de otra forma que no sea violenta, hacen referencias a herramientas que se mencionan dentro del grupo como "aprendí de X a tomarme un tiempo y darme la vuelta", "acordarme de la respiración", "evitar relaciones que me lleven a lo mismo, la violencia" "sólo me puedo cambiar a mí mismo, no cambiar a los demás".
En el proceso grupal e individual se hace evidente que romper con las premisas tradicionales de género relacionadas con la violencia les genera a algunos una especie de "vacío", una sensación de: "quedarse sin nada, sin la pareja, sin lo que resultaba familiar", lo cual provoca angustia y mucha confusión, cuestionando su decisión de cambio. Es frecuente observar que cuando empiezan a cambiar, quieran regresar a patrones conocidos por la incertidumbre y el temor que genera lo que viene después (migración de identidad).
El grupo se vive como un facilitador de esta transición tan compleja, que incluye la identidad personal y familiar, así como la trama de los sistemas de lealtades. Algunos integrantes que llevan más tiempo de trabajo ayudan a los que van iniciando y juntos se apoyan para explorar y sostener esas nuevas construcciones que les permitan llevar una vida más satisfactoria.
Respecto a su relación de pareja, vínculo que se ha vivido con violencia, se observa una historia de abuso de poder por parte de ellos, generalmente desde el inicio de la relación, violencia que en la mayoría permanece en secreto por el aislamiento de las parejas.
El vínculo de pareja tiene un fuerte significado para la mayoría de los integrantes de ambos grupos, si bien reconocen un vínculo lleno de dolor y resentimiento, también co-existen otros aspectos que los mantienen juntos como fue reportado por Goldner (1990), en algunos casos una vida sexual y genital intensa, un sentimiento de haber sido rescatados por esa persona y la imperiosa necesidad de mantener a cualquier costo la relación de pareja, con características de un intenso sobreinvolucramiento y una alta resonancia emocional.
Los hombres de los grupo han referido que a sus parejas les cuesta trabajo ver y confiar en sus cambios, y esto a veces los desmotiva, además como ya se mencionó, algunos esperaban un perdón por el solo hecho de ingresar al grupo, con la expectativa de que la pareja olvide toda la violencia que pasaron. En este punto el trabajo grupal les permite analizar las diferentes experiencias en las relaciones de pareja.
También el trabajo grupal les permite reconocer el ciclo de violencia en el que algunos estuvieron o aún permanecían. Identifican las etapas de éste con más claridad, lo que les permite detectar los momentos de mayor tensión y tomar otras opciones para evitar repetirlos.
En relación a la sexualidad, los terapeutas promueven abiertamente el tema y en general es bien aceptado por el grupo. Se explora si habían vivido experiencias de abuso sexual y si en esta área de su vida de pareja también se dan conductas violentas. Observamos que comparten la sensación de que, como hombres, ninguno tuvo el apoyo ni la orientación que se requiere.
Se generan conversaciones muy reflexivas acerca de la sexualidad y el manejo del poder que ellos hacen, en algunos casos refieren que se sentían agredidos cuando la pareja se niega a las relaciones sexuales, lo cual les violenta por sentirse rechazados, es muy importante hablar extensamente de estas experiencias. Algunos identifican que esta negativa de sus parejas, en algunos casos, puede ser una forma de resistirse al maltrato y de poner límites.
En esta última etapa del trabajo surgen con frecuencia situaciones necesarias de revisar para hacer distinciones que lleven a otros significados, y sobre todo que los responsabilice por la violencia en lugar de minimizarla como: "a mi pareja se le acabó el amor vs está tan lastimada por la violencia que ha vivido conmigo". "Entre enojo y violencia", "dependencia e interdependencia", "vivir la separación como un fracaso y perder frente al otro, o como una opción más saludable", "no hablarle a la pareja por orgullo o por miedo", "cuando la conducta de la pareja es por algún trastorno psiquiátrico, o por el síndrome del maltrato", "diferencias entre ser enérgico y firme y ser violento con los hijos", entre "ser flojo y estar deprimido".
Es muy útil para el trabajo traer otras voces como historias, cuentos, fábulas con moralejas, proverbios, aprendizajes de otros espacios, como de AA, de Alanon, cartas de las pareja y de otras personas de la familia o de amigos.
También se analizan ciertas estructuras sociales relacionadas con otras formas de violencia, como la discriminación, el racismo y clasismo.
El ingreso de hombres nuevos al grupo tiene el propósito, no sólo de beneficiar a más personas, sino porque según nuestra experiencia, este hecho enriquece y da movilidad a todo el grupo.
Al cierre de uno de los grupos se decidió con ellos que por los logros terapéuticos de cuatro de sus integrantes, podían ser multiplicadores de la experiencia, es decir, compartir su desarrollo participando en otros grupos o espacios terapéuticos.
En la última sesión se entrega un Diploma terapéutico de sus avances, con todos los integrantes del equipo que funcionan como testigos de todo su proceso, han resultado sesiones muy conmovedoras en donde se comparten sentimientos, emociones e ideas respecto a todo el trabajo grupal.
Es necesario resaltar que nuestras evaluaciones han sido solamente de carácter cualitativo, sin utilizar instrumentos específicos para tal labor.
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